Francisco de Miranda

Cuando nació Sebastián Francisco de Miranda, el 28 de marzo de 1750, (hijo de Don Sebastián de Miranda y Ravelo, canario, llegado en su temprana juventud a Venezuela, y Francisca Antonia Rodríguez Espinosa, caraqueña hija de caraqueños), su ciudad natal, estaba muy lejos de ser una ciudad pequeña y tranquila medio aislada del mundo. En plena era colonial, la población bullía dividida desde muchos puntos de vista, no sólo el racial, sino hasta por la procedencia. Así entre los blancos los había peninsulares, blancos criollos y blancos “de orilla”.

Acta de Bautismo Francisco de MirandaActa de Bautismo de Francisco de Miranda

Los peninsulares eran los nativos de la península Ibérica, orgullosos y vanidosos que se creían blancos puros nada más que por razones de ubicación geográfica, siendo la realidad que los españoles eran y son un pueblo mestizo, crisol mezcla de muchísimas sangres decantado a lo largo de no mucho tiempo. Eso sí, enemigos del trabajo. Los blancos criollos eran los hijos de los peninsulares nacidos en nuestra América y aunque el régimen colonial no les permitía acceder a grandes cargos políticos (que se reservaban para los peninsulares), eran ricos pues heredaron de sus padres el fruto de la explotación inmisericorde de la riqueza de América y entre nosotros de la explotación agrícola con los indígenas y los negros actuando como esclavos en el cultivo del cacao, café, añil y otros productos.

Como era de esperarse, tampoco los criollos eran afectos al trabajo, pues las herencias de sus padres les libraba de tal necesidad. Es más, consideraban la riqueza proveniente del trabajo como algo deshonroso, algo que necesitaban quienes no tenían estirpe. Los blancos “de orilla” eran los canarios provenientes, como su nombre lo indica, del archipiélago africano de Las Canarias. Eran tratados como gentes de segunda categoría y, por haber venido después de la dominación de nuestro país, carecían de los “títulos nobiliarios” obtenidos durante la dominación de América, por tanto, no tenían nada qué heredar, por lo que debían trabajar, lo que permitió a muchos de ellos llegar a la abundancia.

Precisamente ese fue el caso de Don Sebastián, quien era un acaudalado comerciante, que por sus “servicios al Rey” había recibido el título de Capitán de Milicias, más honorífico que militar, pero una distinción al fin y al cabo. Esa riqueza le permitió a su hijo caraqueño no poco del disfrute de sus viajes sin preocupaciones económicas, al menos en las primeras etapas de su estancia en Europa.

El hecho de ser “blanco de orilla” no permitía abrigar esperanzas a los Miranda sobre el futuro de Francisco en Venezuela. Así, en 1771, partió para España, entrado, irónicamente, por el puerto de Cádiz, donde le esperaba un corresponsal cliente de Don Sebastián quien proveyó los gastos de estadía en España producto de las ganancias netas producidas por la exportación de cacao. En marzo de ese año llegó a la ciudad de Madrid. Durante todo ese tiempo se dedicó a cultivarse, a aprender francés y matemáticas y a recorrer palacios y museos. Pasó más de un año en este proceso de asimilación de la “madre patria” y en noviembre de 1772 hizo su primera solicitud de ingreso al ejército de España, con el título de Coronel y además adquirió el título de Conde de Miranda (al menos pagó el precio). En esa época cambia su nombre de Sebastián Francisco por el de Francisco a secas, pues un hermano menor del mismo nombre, Francisco Antonio, había fallecido en Caracas.

Don Sebastián, desde Caracas, contrató los servicios de un Cronista de la Corte, quien hizo aparecer a los Miranda como descendientes de magníficos guerreros a los cuales debía mucho España. Este impresionante documento, obra de la fantasía del cronista, más ocho mil pesos, obraron el efecto esperado y Francisco obtuvo su adhesión al ejército español como capitán de un batallón del Regimiento de Infantería de la Princesa (7 de diciembre de 1772).

Sin embargo el inquieto Capitán Miranda no estaba contento con su pequeño cargo y aprovechó el reclutamiento de oficiales para servir en Melilla, fortaleza española ubicada entre Oran y Ceuta (actuales Argelia y Marruecos), en el norte de África. La fortaleza fue sitiada por los árabes entre el 9 de diciembre de 1774 y el 16 de marzo de 1775. Pese a que vio dura acción al punto que su mosquete (especie de fusil) resultó perforado por tres balas enemigas y salvó milagrosamente la vida, sus superiores no k consideraron digno de mérito especial alguno.

Decepcionado, formuló duros comentarios contra la estrategia española, lo cual va a iniciar su eterno pleito contra España. Se dedicó a visitar fortalezas extrajeras y a trabar amistad con oficiales extranjeros, sobre todo ingleses, lo cual le valió en 1777 su encarcelamiento por desacato, en Cádiz. Mientras tanto, el joven militar aprendía a leer a los clásicos latinos y griegos en sus idiomas e iba acrecentando una sólida cultura que será la base de su éxito en Europa.

Al año siguiente, 1778, un amigo de Miranda, Juan Manuel de Cagigal file designado Coronel del Regimiento de la Princesa, quien al destacarlo con su amistad, hizo notoria la formación intelectual del joven venezolano dentro del Regimiento. Pero, pronto Cagigal file reemplazado de su cargo y sustituido por el coronel Juan Roca, hombre poco inteligente y envidioso, quien formuló una serie de cargos militares contra Miranda e incluso lo hizo arrestar bajo la acusación de manejar en forma inconveniente los fondos asignados al regimiento (1799). No obstante, al año siguiente sus superiores militares aprobaron las cuentas de Miranda, lo que no le libró de la saña del su creciente número de enemigos españoles.

Independencia de Estados Unidos

En 1780, la guerra de independencia de las trece colonias (Estados Unidos) contra Inglaterra, obliga a España a dejarse arrastrar por Francia, que combatía del lado de los americanos. Miranda se alista como voluntario y llega a Martinica entre unos diez mil soldados españoles, también voluntarios. Esta vez había sido pasado al Regimiento de Aragón y designado edecán de su antiguo amigo, el ahora general Cagigal. Protegidos por la flota francesa llegaron los españoles a La Habana y desde allí partieron hacia Luisiana y Florida, donde vuelve a relucir, como en Melilla, el arrojo y el brillo militar de Miranda en el asalto a Pensacola. Ello le valió el ascenso a Teniente Coronel concedido por su superior el General Cagigal.

De regreso a Cuba, siempre bajo las órdenes de Cagigal, Gobernador de la isla, éste decide ayudar un ataque de los estadounidenses contra la Bahamas (New Providence). Sitiada la ciudad, los ingleses se rinden y Miranda es designado para recibir la capitulación y las Bahamas van a parar a manos de España.

Cuba

Mientras tanto, la saña española de la cual ya nunca se librará, lo califica de pro británico. Y, en verdad, nuestro héroe ya se perfila como un hombre superior, aficionado a la filosofía, a la teoría política a las artes y a las ciencias, por lo que aparecía muy por encima de cualquier otro oficial español. Así, por ejemplo, durante su estadía en Estados Unidos aprovechó para conocer y cultivar la amistad de los hombres más prominentes de la revolución de ese país, Alexander Hamilton, John Knox, Thomas Paine y Thomas Jefferson, con quienes mantendrá correspondencia el resto de su vida.

Le espera en Cuba un nuevo incidente con España: un oscuro negocio mezcla de espionaje y tráfico de armas, a favor de la propia España, es tergiversado y denunciado por oficiales españoles de La Habana, contra Cagigal y Miranda, mientras ambos están ausentes, en las Bahamas.

Para esa época, el futuro Mariscal de Francia no ha olvidado a su patria y mantiene contacto con los “mantuanos” de Caracas, entre otros con el padre del Libertador, Don Juan Vicente Bolívar, con Martín de Tovar y con el Marqués de Mixares, por quienes se entera de la situación económica de Venezuela en manos de los vascos de la Guipuzcoana (que controlará el monopolio de las exportaciones de Venezuela hasta 1784). Mientras, los espías españoles tratan de capturarlo en La Habana, lo que le obliga a fugarse a Filadelfia (Estados Unidos), con la idea para pedir desde allí un salvo conducto al Rey de España para hacerse presente en Madrid, “aclarar” su situación y demostrar su honestidad. Mientras tanto viaja y estudia y hace contactos con la flor y nata de los liberales de las trece colonias.

Nuevamente Estados Unidos

No obstante ello, mantiene constante contacto con el embajador de España y envía frecuente correspondencia a la Corte pidiendo ser oído en su propia defensa. Pese a la evidente simpatía que inspiraba al embajador, éste fue advertido desde Madrid que Miranda constantemente vituperaba de España y del régimen colonial (información cierta obtenida por una labor de espionaje contra nuestro personaje, gracias a la cual Madrid estaba al tanto de sus opiniones).

Londres y Europa Oriental

En noviembre de 1784 el futuro Precursor abandona a las trece Colonias y desde Boston viaja a Londres. Llegado allí se comunica con el Embajador de España, siempre insistiendo en su deseo de que se le garantice su defensa en Madrid. El embajador, del Campo, ya sabe la determinación del Conde de Floridablanca, el Primer Ministro del Rey Carlos III, de negar el acceso de Miranda a Madrid para su defensa. Sólo lo quieren preso y encadenado, pues políticamente tiene ideas “peligrosas” contra Carlos III y su imperio. Por el contrario, del Campo envía nuevos chismes de la vinculación de Miranda con personajes ingleses y su trato cotidiano, lo que era realmente cierto. La inocultable admiración por la Gran Bretaña y los británicos y su sistema político interno, había comenzado. Sin embargo, en Londres tropieza con el Coronel norteamericano W. S. Smith, a quien ya conocía desde la guerra de las trece colonias y quien para el momento era Secretario de la Embajada americana en Londres. Con Smith, un espíritu ansioso d cultura como él, deciden un viaje por Europa, esquivando a Francia, en ese momento aliada de España. Visitan Berlín y algunos principados germánicos: Prusia, la cuna del militarismo, donde se da cuenta de lo que supone una verdadera disciplina militar, al presenciar maniobras del ejército prusiano, conoce al brillante general Höllendorf y al francés Lafayette con quien, pese a haber coincidido en la guerra de independencia de Estados Unidos, no había logrado conocer allá.

Siempre acompañado de Smith vistan Sajonia donde presencian la batalla de Maxen entre los ejércitos austriaco y prusiano (1759). Luego marchan a Viena la capital musical del mundo de entonces. Allí se hace asiduo de Francisco José Haydn, el mayor músico de su época, y participa con éste en veladas nocturnas interpretando la flauta, cuyo dominio parece le es indiscutible, tocando cuartetos para viento escritos por Haydn, para un selecto grupo de melómanos. Tener acceso a Haydn demuestra que ya Miranda ha solidificado su formación cultural, y ello, unido a su elegancia personal y a proceder de un remoto país del todo desconocido, la abre las puertas de Europa. Durante este período debe valerse de su simpatía y prestigio para obtener pasaportes de países europeos, pues España se los niega.

De Austria pasa a las ciudades italianas: Florencia, Venecia y otras ciudades de similar importancia cultural. En Roma descubre la presencia de un grupo de jesuitas que habían sido expulsados por el Rey de las colonias españolas de América (1767) por sus ideas separatistas, peligrosas para el Imperio. No se sabe con certeza si conoció al peruano Vizcardo y Guzmán, pero sí leyó su carta dirigida a los “españoles americanos” opiniones que comulgaban plenamente con el ideario mirandino, y ello refuerza sus convicciones.

Posteriormente continúa sus viajes, visita a Grecia y llega hasta Egipto, incorporando cuidadosamente a su inseparable diario opiniones sobre personajes, costumbres, pueblos y, sobre todo, manifestaciones de arte, junto con sus propios criterios de hombre ya definitivamente cultivado. De Egipto se devuelve a Constantinopla y, gracias a cierta picardía, no siendo musulmán, logra penetrar y admirar la antigua y espectacular Basílica de Santa Sofía, convertida ahora en Mezquita y por tanto vedada a los “infieles”. Desde Constantinopla pasa a Crimea, donde su destino le lleva a conocer al Príncipe Potemquin, antiguo favorito de la ya casi sexagenaria Emperatriz Catalina II de Rusia. De hecho en Crimea se esperaba la visita de la Emperatriz y el Príncipe se encontraba allí por ello. No obstante la Emperatriz desistió del viaje. El Príncipe Potemqum, cautivado por la fuerte personalidad y cultura de Miranda, le invita a unirse al cortejo que partía de Crimea en busca de la Zarina. En aquella época en la Corte rusa sólo se hablaba en francés, lo que facilitó la comunicación con los altos personeros rusos. En la comitiva estaban además embajadores de Inglaterra, Francia, Austria y el actual favorito de la Emperatriz, Conde Aliexandr Mamonov.

Rusia

Vestido de Coronel español (en efecto lo era) y presentándose como Conde de Miranda, fue presentado a la Zarina Catalina II (la grande) el 25 de febrero de 1787 (según el calendario occidental).

En su diario hace constar Miranda cómo mantuvo una larga conversación con Catalina y cuántas preguntas ésta le formuló sobre su lejana patria, sobre España y la tiranía que ésta ejercía sobre aquélla. Pronto el caraqueño fue el centro de la atención de la Corte rusa, sobre todo porque se comentaba su inquebrantable afecto por su patria y su determinación de organizar un ejército para liberarla de España, además de su extensa cultura. España no podía estar ajena al episodio y acusó a Miranda de impostor pues, afirmaba el Embajador de Su Majestad Católica Carlos III, ni era Coronel ni mucho menos Conde español. Lo primero, evidentemente lo era, pues no había sido dado de baja del ejército para poder tratarlo como militar desertor. En cuanto a lo segundo, al parecer se trataba de una verdad a medias. Miranda había cumplido los requisitos, durante su residencia en Madrid, para comprar el título de Conde, pues la Corona española, escasa de recursos vendía los títulos. Al parecer Miranda cumplió estrictamente con el pago correspondiente, pero las autoridades no le otorgaron el condado.

Por toda respuesta, la Zarina contestó al Embajador de España que el coronel Miranda era su protegido y, además, le confirió el coronelato del ejército ruso, con el derecho a uso del uniforme correspondiente y pasaporte diplomático de ese país, con obligación a todos los funcionarios rusos en Europa de darle protección como privilegiado ciudadano ruso.

La permanencia de Miranda en la Corte de San Petersburgo (Piotrograd), pese a lo amena y cómoda, pero, no obstante los ruegos de la Zarina por considerar imposible la empresa, duró hasta agosto de 1787, cuando provisto de diez mil rublos, dos letras de cambio a su favor contra el gobierno ruso por un mil libras esterlinas cada una, pasaporte y protección rusa, se dirige a Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda y Suiza, siempre proclamando su cometido: la independencia de su patria del yugo español. Para esa época es reo de Estado del Imperio español y es perseguido también por la policía francesa.

De nuevo en Londres

En 1789 se encuentra de nuevo en Londres, donde inicia un intenso asedio a los Ministros de Su Majestad Británica para convencerlos en ayudarlo a independizar a Colombia, a cambio de un comercio de libre mercado exclusivamente a favor de Inglaterra. Económicamente, ello es impecablemente un buen negocio para los británicos, pero las constantes querellas entre las naciones europeas les impiden ver las ventajas que aseguraba Miranda. Para esta época, en su concepto, la patria de Miranda ya no es sólo Venezuela, sino “Colombia”: un país que se extiende desde el norte de México hasta el Cabo de Hornos (Argentina y Chile), excluyendo a Brasil, es decir, toda la América de habla castellana.

Los ingleses, con su amabilidad característica sólo dan esperanzas al Precursor, y en efecto, una que otra vez se discuten detalles como las características de la expedición que comenzaría por Venezuela. Hasta se discutió el diseño de un uniforme militar especial para una campaña en plena zona tórrida.

El 14 de julio 1789 había estallado la Revolución Francesa que derroca a la Monarquía y proclamar la República y los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Automáticamente todas las monarquías de Europa rompen con Francia y se coaligan contra la recientemente creada República. Pese a lo que pudiera pensarse, a Miranda le entusiasma la Revolución, pero permanece en Inglaterra. Al parecer la razón de esta actitud tibia responde a una lógica cartesiana: Francia, rodeada de enemigos no tiene cómo ofrecerle la ayuda que él necesita y, por otro lado, Miranda pensaba que la independencia de Colombia no podía resolverse en una república, sino en una monarquía, porque éramos pueblos habituados al despotismo, y lo que implica una república hubiese terminado en libertinaje y en el caos y posiblemente nuevamente a manos de España, según estuviese el ajedrez de la política europea.

La República Francesa

Cuadro de MirandaSin embargo, el continuo juego de los ingleses termina por obstinarlo y en 1792, el 23 de marzo llega a París a ofrecer su espada a la República, a cambio de la ansiada ayuda a Colombia. Francia, sitiada por sus enemigos acepta gustosa el servicio que le ofrece el caraqueño, quien de inmediato simpatiza con los girondinos, a cuyo partido se afilia, colocándose un aro distintivo en la oreja izquierda. ¿Por qué los girondinos? Por que en materia de política exterior los girondinos desean desmantelar el Imperio Español separando a la Metrópolis de la América española.

Miranda es acogido en el ejército de la República con el rango de Mariscal de Campo y lo destinan a los ejércitos del Norte (Bélgica y Holanda) bajo el mando del General Dumouriez. Después de escribir su testamento, tal es su resolución de morir por la libertad, marcha al frente norte. Dumouriez, el futuro traidor, recibe al nuevo Mariscal con toda cordialidad y los coloca al mando del ala derecha de los ejércitos. Acá es preciso aclarar que la Revolución, en la práctica, había casi desmantelado al ejército francés, y en ese momento éste se encuentra integrado en su gran mayoría por bisoños voluntarios, sin disciplina militar, ni mucho menos experiencia. Con todo y ello, el sólo fervor revolucionario y la defensa del territorio de la Patria les hace enfrentarse a las grandes monarquías. Por lo que al sector del Mariscal Miranda respecta, enfrenta a uno de los más poderosos y mejor conformados ejércitos del mundo, el archidisciplinado ejército prusiano, al mando del Conde Brunswick. El primer choque importante ocurre en la colina de Valmy (donde hoy existe una escultura de nuestro héroe, hecha por el artista venezolano Eloy González). La victoria es para los franceses. Desde el lado prusiano, la derrota de Valmy hizo decir al gran escritor alemán Wolfgang Göthe, quien se hallaba en el vivac prusiano al lado de Brunswick, que después del fracaso prusiano cualquier cosa podía ocurrir en el mundo de las armas, de Valmy en adelante. La noticia de la victoria francesa hizo a Pétion, Presidente de la Convención Nacional dirigir al suramericano una correspondencia donde dice: “Miranda se ha comportado como un oficial de experiencia y excelente ciudadano que sabe cómo merecer la confianza de los soldados que están bajo su mando” y agrega el propio Pétion: “no se trata tan sólo de asegurar la libertad de Francia sino la del mundo entero. Nunca lucharemos por una causa más grande o más noble. Que le vaya bien. Le abrazaremos después de la victoria”. En efecto, la Convención había declarado para siempre la abolición de la Monarquía en Francia el día anterior a Valmy.

Entre los jefes militares girondinos Miranda conoce a Brissot a quien comunica sus planes para liberar a Colombia. Este general francés enseguida se entusiasma con ellos. Pero para él es preciso invadir a España para proclamar la república al mismo tiempo que se hace lo mismo con América. Brissot propone el inmediato envío de Miranda a la isla de Santo Domingo (entonces totalmente en manos de Francia), en calidad de Gobernador, allí podría reclutar un gran ejército formados por colonos de las islas francesas y voluntarios norteamericanos. Sin embargo el Mariscal rechaza la idea. El sólo hecho de su presencia en América pondría en guardia a todo el ejército de España. Sería pues, una señal de alarma tanto para Madrid como para Londres que pudiera hacer fracasar una empresa tan grande. Por otro lado, piensa Miranda ¿cómo un caudillo de la libertad va a comenzar su empresa siendo gobernador de una colonia?

Entre tanto, la guerra sigue y Francia asciende a Miranda a Teniente General y pasa a comandar una división Se trata ahora de incorporar a Holanda a la Revolución. Ya los franceses han derrotado a los austriacos en Jemappes lo que les abre las puertas de Holanda. Los franceses dividen sus ejércitos en tres alas: izquierda al mando de Valence, centro, al mando de Dumouriez y derecha al mando de Miranda. Antes éste había recibido instrucciones de atacar Mástritch. El 25 de febrero de 1793 ya la ciudad ardía por cinco partes. Sin embargo, el general Valence, que debía apoyar la División Miranda, es sorprendido por los austriacos y desalojado de sus posiciones de apoyo, lo que obligó al venezolano a levantar el sitio so pena de quedar aislado entre enemigos.

Las autoridades superiores francesas piden a Dumouriez que regrese a Bélgica y concentre allí todas sus flierzas, mientras que la vanguardia francesa hace retirar a los austriacos hacia Neerwinden. Es preciso ahora atacarlos allí. Dumouriez ataca: el ala izquierda corresponde a Valence y la derecha a Miranda, quien debía tomar la población de Léau. Sin embargo las tropas austriacas logran poner en desbandada a los voluntarios de Miranda, quien sable en mano, trata de hacerlos volver al frente. La desbandada del ala derecha afecta a la izquierda y se pierde la batalla, cuya pérdida, según Dumouriez recae en la derrota del ala derecha (18 de marzo de 1793). La acusación de Dumouriez contra Miranda no se hizo esperar, pues la amistad de ambos se habían distanciado debido a que el francés había propuesto al venezolano avanzar sobre París y restaurar la monarquía y Miranda se había negado rotundamente a ello, manteniéndose al lado de la República.

Los comisarios de la Convención Nacional en Bélgica acusaron a Miranda quien fue encarcelado en París en espera de juicio. Mientras Dumouriez se fugó de Francia, lo cual hizo protestar al venezolano ante la evidencia de quién era el traidor. Se dirigió al Tribunal en los términos más enérgicos. Finalmente el juicio tuvo lugar siendo el abogado de Miranda el jurista Cheveau Lagarde, quien más tarde se haría famoso en su defensa de Maria Antonieta. Los testigos fueron inconsistentes y contradictorios y Miranda fue declarado inocente y le fueron regresados sus haberes, salvo su uní-forme militar porque se le declaró cesante. A los pocos días los girondinos fueron desalojados del poder por el partido de los Montañeses (Jacobinos). Ya no era lo mismo para nuestro héroe.

Sin embargo, Miranda se había “encariñado” con Francia y decidió residenciarse en París donde se instaló en un lujoso apartamento e hizo trasladar su ya inmensa biblioteca y sus obras de arte. De pronto la policía allanó su apartamento y Miranda debió comparecer de nuevo ante los Tribunales, para ser de nuevo absuelto. Sin saberlo, Miranda tenía un temible enemigo oculto: Maximilien Robespierre, quien era miembro del “Comité de Salud Pública”, comité de carácter político el cual ordenó una nueva prisión de Miranda, (época conocida como el Segundo Terror). Esta vez acompañado de los demás jefes girondinos, pues se trata de eliminarlos físicamente, pues los Jacobinos los consideraban, parejamente, traidores a la Revolución. La orden era guillotinarlos y el conocimiento que de nuestro héroe tenía el jacobino Fouquier-Tinville hizo aplazar en varias oportunidades la orden de guillotinarlo. Finalmente, por órdenes de Robespierre, se fijó la fecha para el día 12 de Termidor (según el calendario de la Revolución), 5 decir el 30 de julio de 1794. Desde su celda, Miranda, con pasmosa paciencia, mantenía correspondencia de contenido artístico con el arquitecto Quatreme’re de Quincy, quien se hallaba oculto pues era pro monárquico.

No obstante, el 9 de Termidor (27 de julio de 1794), los moderados se sublevan y guillotinan a Robespierre y a sus cómplices, terminándose así “el Terror” y salvándose Miranda de la muerte. Sin embargo, aun cuando mucho presos girondinos que quedaban en las cárceles parisinas fueron liberados Miranda permaneció detenido todavía algún tiempo más, hasta el 16 de enero de 1795, cuando, por fin, fue liberado. Al parecer su reclamación monetaria contra el Gobierno republicano por los daños patrimoniales que le ocasionó “el Terror’ obtuvo éxito, lo cual le permitió alquilar una habitación lujosamente amoblada. Allí le conoció Napoleón Bonaparte, el futuro emperador, quien opinó sobre nuestro héroe que tenía “fuego sagrado en las venas”.

Nuevamente Londres

En 1797, (año de la conspiración de Gual y España en el litoral venezolano) debe abandonar Francia con motivo de la alianza de ésta con España. Regresa a Londres y su hogar se convierte en un centro de conspiración de los latinoamericanos contra España. Aprovechando que estalla la guerra de Inglaterra contra España, somete a los diversos ministros y funcionarios británicos a una fuerte presión en pro de sus ideales. Sus constantes reuniones con el Primer Ministro William Pitt le hacen el líder natural de los hispanoamericanos, quienes siguen sus instrucciones y se presentan a sí mismos como enviados del General Miranda. Antes ha sido designado “principal agente de las colonias hispanoamericanas” por una Junta de diputados que representan a México, Perú, Chile, Río de La Plata, Nueva Granada y Venezuela. Sin embargo, el Gobierno británico está indeciso, por cuanto lord Grenville, el canciller, no cree en los planes del venezolano.

Este, trata de interesar a los prohombres de Estados Unidos, pero todos ellos, incluso Hamilton han enfriado su ánimo por la Revolución de las Colonias Españolas, dado el tiempo transcurrido. Incluso las autoridades británicas ponen restricciones a sus movimientos y no le permiten salir del país, lo que no impide al General mantener asidua correspondencia con Manuel Gual, escapado milagrosamente a Trinidad y donde pronto va a morir envenenado por los espías españoles.

En 1799 arriba a Londres el joven chileno Bernardo O’Higgins. Para ese momento Miranda ha elaborado y cambiado infinidad de planes para la invasión, y ha crecido tanto el número de sus seguidores, que para justificar sus reuniones se hacen pasar por masones que fundan la “Logia Lautaro”. Se ha especulado que la acción libertadora del General José de San Martín se inspiro en algunos de los planes conspiradores de la “Logia”, aún cuando es poco probable que el Libertador argentino conociese a Miranda o fuese miembro de la Logia, como tampoco lo fue Bolívar.

Ese 1799 Miranda recibe una correspondencia donde su antiguo jefe Cagigal le comunica que la Corte española ha fallado a su favor y a favor de Miranda, el viejo asunto de La Habana, declarando al venezolano “súbdito fiel de Su Majestad Católica”. Se trata, evidentemente, de una maniobra para apresar a Miranda, quien durante todos estos años ha estado constantemente vigilado por espías españoles quienes conocen sus planes. La ingenua trampa fracasa y nuestro héroe permanece en Londres.

De nuevo Francia

En el verano de 1800, Miranda trata de salir de Inglaterra, pero no se lo permiten, por lo cual tiene que pasar clandestinamente a Francia donde Napoleón controla la situación como Primer Cónsul. Escribe al futuro Emperador que sus sacrificios por Francia lo hacen ciudadano francés. En noviembre llega a Ambères (Bélgica), escenario de su gran victoria, y desde allí escribe al famoso Fouché, jefe de la policía francesa, solicitándole respuesta de Napoleón. Fouché le invita a ingresar a Francia y allí se le acusa de espía británico y se encuentran entre sus bienes algunos recuerdos de Luis XVI. Se le acusa de espionaje y correspondencia con enemigos del Estado y va nuevamente a prisión. Bajo el alegato de haber sido Teniente General de la República y ser Mariscal de Francia logra su libertad con lo que puede regresar a Londres.

Otra vez Londres

En Inglaterra ahora el Primer Ministro es Addington. Este no atiende a su correspondencia, pero envía en su lugar a Vansittart con quien Miranda mantiene largas conversaciones, pero no logra nada concreto. Sus planes comienzan a disolverse en el tiempo.

Pero su admirable tenacidad no ceja: los primeros años del siglo XIX 10 ven en reuniones con diferentes funcionarios ingleses, organiza planes conspirativos, futuras acciones de guerra y, sobre todo, escribe y escribe a todo aquel a quien crea posible la realización de sus planes independentistas. Redacta constituciones para Colombia (la América de habla castellana entera) eso sí, nada de repúblicas: la francesa, el ideal de muchos políticos, agoniza ante los avances de Napoleón.

Había muchas razones para que Miranda desconfiara de la república: los criollos se habían mostrado sumisos a España, salvo raras excepciones: las misiones jesuitas del Residencia de Francisco de Miranda en LondresParaguay (hasta 1767>, el negro Miguel (minas de Buría, Venezuela 1553) Túpac Amaru (Perú, 1579>, los Comuneros del Socorro (Nueva Granada, 1781), y la de Gual y España (Venezuela, 1797> ya mencionada. De la sumisión no se pasa a la libertad plena sin serios tropiezos de todo tipo, como en efecto los hubo.

El Incanato, la fórmula monárquica de Miranda, muy a la inglesa era, según él creía, mucho más asimilable a nuestros pueblos Quizás la república vendría con el tiempo, pero el cambio de régimen de una monarquía española a una criolla era un tránsito infinitamente más suave para nuestros incultos ciudadanos. En Brasil ocurrió después, en 1822: el Imperio del Brasil se independizó de Portugal, con un Emperador portugués, Pedro 1, y no hubo necesidad de una sangrienta guerra para llegar a la república. Decidir que el Incanato de Colombia hubiese sido más exitoso que declarar la República directamente, nunca lo sabremos. Pero Miranda indudablemente tenía razones de peso. Sólo que los hechos lo envolvieron y las ideas políticas predominantes eran las francesas: las republicanas.

Inglaterra, temerosa de una ataque naval por parte de España difiere y difiere una expedición contra las costas de Venezuela, donde según se le ha hecho creer a Miranda que una vez pise tierra de su país natal, todo el país se alzará en armas contra España. En 1805 surge un incidente entre Estados Unidos y España, por violación de un Tratado referente a la Luisiana.

Estados Unidos

El General Miranda se traslada a Washington, donde trata de interesar al gobierno de ese país en su proyecto, a finales de ese año.

En Estados Unidos encuentra viejos amigos cuya amistad ha mantenido a través de correspondencia: el Presidente Jefferson, el Vicepresidente George Clinton el Secretario de Estado Madison. Sin embargo, un ex Senador por New Jersey Jonathan Dayton da cuenta al embajador de España, el Marqués de Casa Yrujo, de las numerosas conversaciones de Miranda, con los altos dignatarios estadounidenses, pero el Embajador no capta el sentido de las reuniones.

Miranda, sin importarle los chismes de los españoles, a través de su antiguo compañero de viajes por Europa, Smith, traba amistad con Samuel Odgen, comerciante, consumado liberal. De éste, nuestro héroe obtiene un préstamo de veinte mil dólares para armar y abastecer un barco de ciento ochenta toneladas; el “Leander” y otros dos barcos más pequeños: “Emperor” e “Indostan”. Tal es el entusiasmo de Odgen, que dispensó a Miranda de cualquier descalabro económico de la expedición.

“El Leander”

Tricolor de Miranda en 1.800El 14 de febrero el caraqueño hizo los primeros nombramientos de los oficiales del “Ejército de Colombia” e izó la bandera tricolor a la cual hizo jurar fidelidad a toda la marinería (a pesar de que los doscientos eran todos mercenarios y aventureros). Fue entonces, al zarpar el Leander, cuando el Marqués de Casa Yrujo se dio cuenta de la seriedad de los planes de Miranda y puso en guardia a todas las autoridades Españolas.

Cuando, después de muchas peripecias, Miranda arriba a las costas de Puerto Cabello, el Gobernador y Capitán General Guevara Vasconcelos, estaba más que suficientemente enterado y preparado por lo que presentó batalla con una gran superioridad naval, que debió ser esquivada por el Leander y las goletas Bacchus y Bee (que habían reemplazado con desventaja al Emperor y al Indostaní en Jacqmel, Haití, por órdenes de un oficial Inglés llamado Armstrong). Ambas goletas, menos veloces fueron alcanzados por los españoles y apresada la tripulación. Fueron acusados de asesinos, filibusteros y rebeldes. La “clemencia” de Guevara Vasconcelos no se hizo esperar: diez oficiales fueron ahorcados y los demás condenados a diez años de prisión: unos en Puerto Rico y otros en Cartagena.

El Leander tomó rumbo a Trinidad, posesión inglesa, pero fue interceptada por una nave británica que los confundió, tal era el aspecto del Leander, con un barco pirata. Por el jefe Bandera naval del Leander 1.800de la corbeta inglesa llamada Lily, se enteró Miranda de la muerte de su esquivo amigo el ministro Pitt. Ambas embarcaciones siguieron hacia Grenada y Barbados. Aquí conoce Miranda a uno de los más celebres marinos británicos, Lord Coclirane. Enterado de los planes del venezolano y de las beneficiosas consecuencias para Inglaterra de un triunfo de éste, le permitió reclutar marineros en las colonias inglesas y escolta de navíos británicos al Leander: siete naves inglesas al mando del Capitán Campbell, quedan adscritas al Leander.

La bandera tricolor

El 1° de agosto de 1806 llega Miranda frente a Coro. Un mar encrespado impidió el desembarco que se realizó el día 3. La vanguardia Mirandina (todos oficiales ingleses) ponen en fuga a los españoles quienes dejan un cañón abandonado en la playa coriana. Bandera de Miranda 1.806Pronto es dominado el fuerte de La Vela, arriada la bandera española y sustituida por la de Colombia. El general emite una proclama dirigida a los colombianos, que recuerda mucho el pensamiento del jesuita Vizcardo, y llama a las armas a todos los hombres entre 16 y 55 años a respaldar la bandera de Colombia.

A todas éstas, los venezolanos no hicieron el menor caso, lo que hizo que Miranda pidiera ayuda a lo ingleses quienes también la negaron. Guevara Vasconcelos avanza con un ejército de cuatro mil realistas hasta Valencia y declara como traidor al Rey a todo aquel que apoye la invasión. Esta carece de filturo y Miranda, una vez más debió abandonar la acción y trasladar al Leander a Grenada.

El fracaso del héroe es interpretado por los historiadores de diversa manera: para unos, el antiguo desdén de los grandes cacaos contra un blanco de orilla; para otros lo aventurado de la expedición. Pero la verdad histórica se impone.

Vía | biblioteca.unefm.edu.ve

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